Es curioso cómo se manejan los recuerdos; si no me hubiesen enviado este WhatsApp con la versión de Cohen, no hubiese recordado a Mercedes Sosa y tampoco hubiese vuelto a mí la imagen de aquel tipo con canas tocando una versión inmaculada de Alfonsina y el Mar con una afinada guitarra.
Corría el año 1983 y yo me encontraba en Monzalbarba haciendo un servicio indecoroso (por mi parte) e ineludible (también por mi parte) por la patria en el Regimiento (creo recordar que el término regimiento es el correcto para describir dónde me encontraba, pero podría ser otro) de Pontoneros, en la Compañía de Puentes Flotantes de cincuenta toneladas. Del trajinar de vigas para hacer el tremendo puente alemán sobre el río Ebro podría hablar largo y tendido; este no va a ser el caso, pero, para aclarar un poco, para situar la acción, he de decir que cada tres meses,
