martes, 16 de junio de 2026

Qué habrá sido de él



    Es curioso cómo se manejan los recuerdos; si no me hubiesen enviado este WhatsApp con la versión de Cohen, no hubiese recordado a Mercedes Sosa y tampoco hubiese vuelto a mí la imagen de aquel tipo con canas tocando una versión inmaculada de Alfonsina y el Mar con una afinada guitarra.

Corría el año 1983 y yo me encontraba en Monzalbarba haciendo un servicio indecoroso (por mi parte) e ineludible (también por mi parte) por la patria en el Regimiento (creo recordar que el término regimiento es el correcto para describir dónde me encontraba, pero podría ser otro) de Pontoneros, en la Compañía de Puentes Flotantes de cincuenta toneladas. Del trajinar de vigas para hacer el tremendo puente alemán sobre el río Ebro podría hablar largo y tendido; este no va a ser el caso, pero, para aclarar un poco, para situar la acción, he de decir que cada tres meses,

lunes, 1 de junio de 2026

SER CUTRE


 

...Antes de ir al grano, creo que tengo que contar mi relación con los Arrufat. Al poco de estar aquí fui al médico y en la sala de espera estaba Maribel, en mi memoria fue la primera charla relativamente larga que tuve con alguien del pueblo; es una mujer agradable, de conversación amena, que tiene un pacto con el diablo que le ha otorgado, a cambio de algo que desconozco, el don de la eterna juventud. Después, al tiempo, en el ayuntamiento conocí a su hijo Alfonso, un muchacho alegre, sonriente, atractivo (ha salido a la madre), ágil y activo. Por la conversación con su madre me enteré de que Guillermo, el padre, tenía una empresa de albañilería. Yo tenía que poner una estufa en casa y no conocía a nadie más, por lo cual me vino a huevo conocer a Alfonso y le pedí el teléfono de su padre. Le llamé y llegamos a un trato para la colocación de la estufa y su salida de humos. El trato con Guillermo fue exquisito, la obra perfecta, de un profesionalismo y una exquisitez dignos de todo elogio; me dejaron un tiro que va como un tiro. Desde entonces, siempre que me he vuelto a encontrar con Guillermo Arrufat hemos cruzado palabras amables y, en ocasiones, llenas de humor sarcástico. Son una familia que me cae muy bien, aunque no la conozca demasiado; también tienen una hija que es muy simpática.

martes, 10 de marzo de 2026

 

No Reply, Beatles for Sale 1964





... recuerdo la voz de mi amigo a mi lado entonando No Reply, oigo nuestro canto unísono utilizando aquel idioma inventado que habíamos creado por la falta del inglés en nuestras conexiones neuronales o donde sea que se instalen los idiomas en el cerebro. ¿Qué día dejamos de cantar juntos? No lo recuerdo, pero en ocasiones, como hoy, lo echo mucho de menos. 




martes, 16 de septiembre de 2025


si quieres ver la receta, da clic en el nombre

foto: Alastair Hendy 
 extraida del libro SETAS de Antonio Carluccio


lunes, 8 de septiembre de 2025

domingo, 3 de agosto de 2025

Solo en el bosque



 —¡Hola!

No hay nadie en casa. Hoy me han dado la tarde libre en el curro; habrá quedado con sus amigas. Me siento en el sofá. Estoy agotado. Gritos de placer se clavan en mi cerebro. Me tiemblan las piernas. La evidencia está detrás de la puerta de mi habitación. Abro la puerta.
No he vuelto a saber de ella.

Dos años más tarde, he recuperado el ánimo. Siento la necesidad de volver a emparejarme.
Solo.

Ando por parajes desconocidos. Solo.
Humedad.
Llovió hace poco, me parece que fue el sábado. Clavo mi dedo en el musgo; noto lo húmedo.

Es la primera vez que ando por aquí, la primera vez que voy solo de excursión. Me siento en una piedra, saco el paquete de Marlboro corto, me enciendo el pitillo. El sol se abre camino entre los árboles, me calienta el rostro. El humo del cigarro vuela libre por muchos metros, se disipa entre los pinos, rompe el aroma a naturaleza. Seguro que cualquier animal del bosque ya sabe de mi presencia.
Los humanos somos lo peor.

Un petirrojo se ha posado a escasos metros de mí. Me observa.
Hace ya cuatro o cinco minutos que me acabé el cigarro. Sigo en el mismo lugar, sobre la piedra fría, que poco a poco se ha ido templando.
Cierro los ojos. El sol calienta mi rostro.

Me incorporo y echo a andar.
Solo.

En un claro del bosque veo una familia de Tricholoma terreum. No tengo cesta; está en el coche.
Eclosión.

Sigo andando. Me siento en una roca, fría. Estoy en la sombra.
Veo pasar un ciervo: grande, fuerte, solo. Gira el cuello, me observa, se va al trote.
Majestuoso animal.

Saco mi cantimplora. Bebo.
Observo.
Veo un Hygrophorus latitabundus. Me acerco. Al menos hay seis.
Son cinco.

Sigo andando.
Solo.

Miro entre las ramas del boj. Latitabundus: cuatro, siete, doce.
Sigo.
Llevo contadas más de cuarenta llanegas.
Saco el bocata de mi mochila. Hinco el diente.

Le ofrezco un trozo de fuet. Se lo zampa.
Sigo comiendo. Me mira con carita de pena; parece simpático.
Apesta.
Le doy un trozo de pan. Lo olisquea. Me mira.

—Si te comes este pan, te doy un trozo de fuet.

Se zampa el pan. Exige. Se zampa el fuet.

Decido desandar lo caminado. Él me sigue.
Ando con compañía.
Llego al coche, cojo la cesta y la navaja.
Camino con el perro. Ya no estoy solo.

Empiezo a recolectar las Tricholomas, aterciopelados, como pelos de ratón.
El perro chafa unas cuantas (cosa de perros).
Encesto las llanegas.

—Guau, guau.

Ha detectado algo. El chucho se pone nervioso.
Debe de haber algún animal cerca.
Decide ir tras él —ese animal invisible—.
Le sigo.

Andamos durante más de una hora. En varias ocasiones me he dado la vuelta e intentado dejarle ir a su bola, pero siempre ha regresado a mi lado y me ha convencido de que lo siga (aunque apeste... tiene una carita preciosa).

Nos hemos internado demasiado en el bosque.
No sé dónde estoy.
Me asusto.

Se para.
Me paro.
Observa.

Miro y veo cómo una chica con una cesta se acerca a la orilla de un lago de aguas humeantes (¿térmicas?). Deja la cesta a su vera y a la vera del lago. Se despoja, seductora, de su ropa. Es preciosa. Se quita la última prenda: nalgas perfectas. Me enamoro. Entra en el agua lentamente, hasta que el líquido cubre sus sonrosados pezones. Se zambulle, ondulando su cuerpo, mostrando de nuevo sus perfectas nalgas. Desaparece. Emerge unos metros más adelante. Vuelve a desaparecer bajo las aguas. Reaparece cerca de la orilla. Sale del lago. Su ondulada cabellera dorada cae sobre sus hombros. Es la más hermosa de todas, la más bella criatura que jamás he visto: delicada, perfecta.

Se gira, levanta la vista hacia nosotros. Creo que nos ha visto. Me escondo mejor. No, no nos ha visto: está demasiado tranquila. Es bellísima.

El perro sale de nuestro escondrijo. Intento cogerlo, pero no puedo. Se lanza en una carrera frenética hacia ella, ladrando, enfurecido. Se abalanza como un auténtico lobo sobre su víctima: dentelladas, sangre a borbotones.

Estoy muy asustado. Nunca había visto nada igual. Tengo miedo.

En cuestión de segundos, sólo quedan la cabeza y los huesos del pobre perro.

Levanto la vista, nuestras miradas se cruzan. Estoy paralizado. Su rostro y su pecho son de un rojo intenso; ríos de sangre recorren todo su cuerpo hasta sus pies. Inmóvil, no puedo dejar de mirarla. Quiero huir, pero mi nivel de reacción es nulo, estoy agarrotado. Ella me da la espalda y se vuelve a zambullir en el lago. Cojo la navaja, lanzo la cesta y salgo corriendo, corro con todas mis fuerzas, corro sin sentido. Solo. Asustado, aterrorizado. No sé dónde me encuentro. Las fuerzas empiezan a abandonarme, está anocheciendo, no puedo más. Caigo rendido en el suelo. Silencio. Solo.

Tengo que encontrar un lugar para pasar la noche. Una cueva. He tenido suerte, pasaré la noche aquí. Tengo candela, haré un fuego. Recojo toda la leña que puedo. La noche me rodea, tengo frío, tengo miedo. La tenue luz de la luna apenas me deja ver la entrada a mi morada. Mañana será otro día.

En plena oscuridad, ya en el interior de la cueva, amontono las ramas recogidas, enciendo el mechero, lo acerco a la montaña de leña. Suerte que de pequeño estuve de campamentos, no tarda en prender. La cueva se ilumina. Al otro lado de la fogata, está ella.

martes, 8 de julio de 2025

a la cola





 Me puse en la cola porque una chica con cara de pocos amigos me lo ordenó mientras yo curioseaba. Todo empezó el día 7 de octubre, cuando leí aquel anuncio, aquella curiosa nota. Estaba en un momento de total estabilidad: todo me iba bien, mis hijos aprobaban todo con notas sobresalientes. Fernando, el pequeño, era campeón de ajedrez; María, una violinista fabulosa; y Julia, una portentosa alpinista que, con sus 28 años, ya había coronado tres ochomiles.

Con mi mujer todo era amor y abundante sexo maravilloso, un caso curioso según mis amigos de copas de los jueves, que, con el paso de los años, han perdido la apetencia sexual. Cada vez que hablan de eso, flipo bastante. De hecho, no sé cómo pueden vivir de esa manera. En la empresa estoy mejor que nunca, trabajo poco y gano más. Mi mayor preocupación es cómo matar esas horas muertas en la oficina. Ojeo todos los periódicos que me trae cada mañana Luisa. Las noticias ya me aburren y, últimamente, me he aficionado a leer minuciosamente los anuncios. Los del ABC me gustan mucho, pero aquel que leí en La Vanguardia me llamó especialmente la atención.

En un primer momento me pareció una broma, una tontería:

“Soy una chica de mediana edad y el día 25 de octubre tengo una cita contigo en el Centro Aragonés de Barcelona. Dejaré que me veas a solas durante tres segundos y será algo que jamás olvidarás. Te daré lo que quieres tener y que ya no echas de menos porque, hace tanto que no lo sientes, que ni siquiera lo deseas.”

No le presté demasiada atención. Más bien pensé: “una pirada”. Pero aquel anuncio se convirtió en un gusano cerebral, como esas canciones que no puedes sacarte de la cabeza. Estuvo ahí, durante varios días, ocupando gran parte de mi vida.

El día 25 tenía que estar en Barcelona y, no sé cómo fue, pero pasé por la calle Joaquín Costa. Ni siquiera sabía que el Centro Aragonés se encontraba en ese lugar. La cola era impresionante. Me puse a curiosear: era un continuo entrar y salir de gente, personas de lo más variopintas, todas ellas en riguroso orden. Personas con caras largas, gente sonriente, indigentes, indios, chinos, negros africanos y de otros lugares, gentes de todas las razas. También había algún grupo de jóvenes riéndose, universitarios, currantes con mono azul, frikis, tullidos, un jugador de baloncesto famoso, el Sisa… Un sinfín de personas en rigurosa fila india. Un resumen de la ciudad y del barrio. Dos municipales vigilaban.

La masa de gente se movía a gran velocidad; entraban y salían sin pausa. Era interesante ver cómo dejaban el lugar: unos sonrientes, otros llorando, otros corriendo. Mi curiosidad empezó a despertar. Fue entonces cuando oí la voz de aquella chica que me dijo: “A la cola, como todo el mundo”. No sé si fue por no llamar la atención o por su voz de mando, pero me puse el último de la fila. En realidad, el penúltimo, ya que había un tal Quimi que daba paso a todo el que llegaba y él se situaba continuamente en último lugar. Su cara me sonaba de algo.

La cosa iba rápida. Mi turno. Entré. La vi. Y me dio un vuelco el corazón.

lunes, 9 de junio de 2025

dejar de fumar me cambió la vida

 



foto: Ángel Martínez Barseló


Paso a contar la historia que lo cambió todo.

Yo era un tipo amargado, apenado, desengañado de la vida, de la gente, inadaptado, aburrido de mi trabajo, de mi mujer y de muchas otras cosas, todas negativas. Un día decidí hacer algo al respecto, cambiar cosas. Empezaría por algo sencillo, un logro asequible que me hiciera sentirme orgulloso de mí mismo. Dado mi estado de ánimo y la hipoteca, tenía que ser algo importante para mí pero que no costara mucho lograrlo, que no supusiera demasiado sacrificio ni dinero.

Dejar de fumar es relativamente sencillo, eso me puede valer, pensé aquel día. Sopesé los pros y los contras, y todo eran ventajas: tu cutis se recupera, tus pulmones se recuperan, tu economía se recupera, tu olfato se recupera, tu gusto culinario se recupera, tu forma física se recupera... Vamos, que es una delicia, la superrecuperación. El reciclaje más barato que puede existir, uno que escapa, importante para mí, al capitalismo, sin clínicas, sin gastos adicionales. Simplemente hay que decidirlo y hacerlo.

Dejar de fumar solo tiene un camino recto e inequívoco hacia la felicidad. Y además, si no lo logras, ¿qué pierdes?

Recuerdo todos los pasos que seguí. La ansiedad fue lo peor. La solventé a base de Chupa Chups. Cuando mi barriga adoptó la forma de uno (chupa-chups), decidí pasar a los sin azúcar. Os puedo asegurar que son difíciles de conseguir, y más caros incluso que el tabaco. Quería mi reciclaje pero manteniendo mi cuerpecito de alambre. Hacía esfuerzos, de todo tipo, llegué incluso a las 25 flexiones matinales diarias. Pero la barriguita se había anclado. Un delirio. Yo, que siempre había sido un palillo, pasé a ser un Chupa Chups. Finalmente llegué a la conclusión de que aquella forma de caramelo con palo que había adoptado mi cuerpo era consecuencia, aunque el médico no veía relación, de una extraña alergia a la isomaltosa o al jarabe de maltitol. Decidí dejar los Chupa. Doble ansiedad. Otra adicción menos. Volví a pensar en todos los pros. Quería reciclarme, reconvertirme. Me puse manos a la obra con fuerzas renovadas.

Una tarde, en el parque, me senté al lado de un señor mientras me comía siete palmeras de chocolate. Su aspecto era el de un gran experto en adicciones. Le comenté mi problema. Decidí hacerle caso. El nuevo plan era, según él, como aseguran los cánones, beber agua cada vez que tuviera ganas de fumar.
—Se acabaron los problemas. El agua abundante es la solución.

Pero el agua no calmaba mi ansiedad. Además, leí no sé dónde que no era bueno beberla en exceso, y yo ya pasaba de ocho litros al día. Me pasaba el rato en el lavabo. Eso, sumado a mi mal humor por la lucha con la doble adicción, afectaba a mi relación con mis compis de curro. Empezaron a mirarme mal. Concluyeron que me metía al lavabo a fumar, y eso estaba tremendamente mal visto en la oficina del cuarto B (la que fuma en el lavabo es Beatriz).

Decidí dejar el agua. La cambié por cerveza. También me planteé volver a los Chupa Chups y centrarme en una sola adicción.

La ansiedad me podía. Finalmente, recurrí de nuevo a lo dulce: el mono, la castellana, Marie Brizard, Pipermint, orujo de hierbas... Nada de eso evitaba mi sufrimiento. Me pasé al whisky, al ron, al vodka. Todos por separado y después mezclados. Me despidieron del trabajo. Menudo chasco se llevarían al ver que el tufo a tabaco del lavabo no desaparecía. Ja.

Las mañanas, después de aquellas largas jornadas alcohólicas, eran un poco movidas. Literalmente movidas: mis manos no paraban, se me caían las cosas. Eso lo solucioné desayunando carajillos. Muchas noches, por alguna razón, no despertaba en mi cama. Abría los ojos y estaba en cualquier lugar de Madrid. A veces, ni siquiera sabía dónde.

Mi mujer no aguantó tanto trajín y me despachó. Para desahogar mi sexualidad y suplir la falta de cariño, empecé a frecuentar prostíbulos.

Aquel amanecer, una vez más, no tenía claro dónde estaba. Estaba tumbado en un suelo liso y frío. Ciertamente, no era mi cartón. No me atrevía a abrir los ojos. Quería que aquello fuera un sueño. Me acurruqué con fuerza e intenté volver a dormirme. No quería certificar la realidad que me rodeaba. Ahí estaba, ovillado, cuando tuve una experiencia trascendental. Noté unas insistentes pataditas en mi hombro izquierdo (el que estaba apoyado en el suelo). Abrí los ojos, miré hacia arriba. Ahí estaba él. Era muy alto, casi infinito. Zapatillas de bota blancas, calcetines blancos hasta la rodilla, muslos lechosos y perfectamente depilados, pantalón corto, camiseta de un blanco Ariel, barba y pelo totalmente canosos. Me miró, imperturbable, con su azulada mirada, y me dijo con voz recia y convincente:

—Hijo mío, todos los pros de dejar de fumar, en tu caso, son mentira. Una patraña. Mira cómo estás: arruinado, multialcohólico, impotente. Y lo triste es que sigues yendo con prostitutas que te quitan el poco dinero que tienes, sin siquiera sobarte. Te han dejado todos tus seres queridos. No te fían en los bares. Duermes en la calle.
Por amor de Dios —(os juro que estas palabras sonaban con una reverb bestial, como la de un pabellón de baloncesto vacío)—
VUELVE A FUMAR.

Me levanté. Tiré. Fallé. Salí a la calle y cogí una colilla del suelo. Me supo a gloria.

La verdad es que  esto es lo mejor que me ha pasado en la vida. Me he ventilado al ogro de mi mujer, a los capullos de la oficina. Ahora hago trabajos liberales al aire libre. No me acerco al amor, lo que me ahorra mucho sufrimiento interior. En resumen, me he aceptado a mí mismo. Esta experiencia me ha servido para readaptarme. Me he reorganizado.

Ahora soy fumador, alcohólico y comedor de Chupa Chups. Pero cada cosa en su momento, sin mezclar.

Vi la luz. Y me ayudó.

Espero que esta historia os sirva de ejemplo. Los pros y los contras de las cosas no son siempre iguales para todos.
Al fin soy feliz.

lunes, 22 de julio de 2024

Black Magic Woman, Carlos Santana (Abraxas, 1970 Columbia records)

 


   De las primeras canciones que toqué de jovencito fue "Oye cómo va". La interpreté muchas veces, y no sólo con aquella banda, también la toqué con otros grupos. Era una canción que utilizábamos para abrir los conciertos. A esa primera canción que se tocaba se le llamaba presentación. Todo grupo tenía una presentación.

Correría el año 1979 u 80. La toqué sin haber oído nunca la versión original; me la aprendí atendiendo a las explicaciones del pianista u organista (mi hermano Pepe) durante los ensayos. Hasta que no me compré la cinta de casete original, varios años más tarde, no supe que aquella canción pertenecía al álbum Abraxas, un discazo plagado de temazos. Para mí, el mejor de Santana. Entre esos temazos que acompañaban al Oye cómo va se encontraba —y se encuentra— mi canción de hoy: Black Magic Woman. Seguí escuchando aquella cinta durante años en mi Walkman, hasta que se lió, se enredó… o como se dijera cuando la cinta se enganchaba.

A los años —pienso que no demasiados— cayó en mis manos un libro que, en aquel momento, me marcó: Demian, de Hermann Hesse. Un libro que el escritor publicó en 1919 (recién acabada la Primera Guerra Mundial) bajo seudónimo, con el nombre de Emil Sinclair, que a su vez era el protagonista de la historia. Trataba sobre los primeros pasos de Sinclair hacia la madurez, el abandono de la feliz infancia y la entrada en un mundo incierto y oscuro, donde aparecían la mentira, el chantaje, la violencia, el alcoholismo, las dudas... y Abraxas: un dios que encarna a la vez el bien y el mal.

¿Casualidad? Y si no era casualidad, ¿qué conexión existía entre este libro y el disco de Santana? La cosa se quedó ahí. Di por hecho que Santana creía en el mismo dios que el de Sinclair y por eso tituló así su disco (por el dios, claro, no por Sinclair… pero a veces nos faltan datos y damos por hecho cosas que no son). Abraxas.

Con el tiempo descubrí que sí existía una conexión entre el Abraxas de Carlos Santana y el Abraxas de Hermann Hesse. Entré en casa de alguien y, como muchas veces, me puse a mirar su discoteca. Mirando, mirando, encontré el vinilo Abraxas de Santana. Ahí estaba: el original de 1970, en un formato que me permitió disfrutar de su portada, de su contraportada y de las fotos interiores, tan novedosas entonces. Y en un rincón —no recuerdo exactamente dónde—, una dedicatoria que decía algo así como: "Dedicado a Hermann Hesse".

jueves, 3 de junio de 2021

JUNIO 2021


¡CIELOS!

DE LO ROJO



    Hoy me he topado con un espectacular campo de amapolas y ...



HISTORIAS DEL BALASCH

 LA ABUBILLA

domingo, 2 de mayo de 2021

MES DE MAYO 2021

 HISTORIAS DEL BALASCH

ERAN TRES


     Ese día le otorgaban la distinción de Hijo Adoptivo de la ciudad, a título póstumo, a Joaquín Carbonell Martí. 





domingo, 4 de abril de 2021

MES ABRIL 2021


MI CANCIÓN FAVORITA DE HOY

ANDERSON PAAK Y BRUNO MARS

Los dos tienen mucho talento y hacen un buen tándem, y espero que, cuando salga el disco completo, sigan en esta línea. Son pura alegría de vivir. 



¡CIELOS!

OLIVERES a la VALL


    Mejora el paisaje, al ser de hoja perenne, en cualquier época muestra su agraciada doble tonalidad verdosa que al moverse al viento, sublima



 ANTONIO FERNÁNDEZ CRESPO

era el Crespo (como sé muy bien, los que no apellidamos Fernández, en muchas ocasiones pasamos a ser conocidos por el segundo apellido, el Antonio Fernández Crespo, era el Crespo) un erudito de los clásicos, eso era una base fortísima, para jugar en la élite, insuficiente, pero muy buena para torneos de club medio, además esa base para enseñar era algo excelente, por eso era tan buen maestro.





sábado, 27 de marzo de 2021

MES DE MARZO 2021

https://angelfernandezbalasch.blogspot.com


 MI CANCIÓN FAVORITA DE HOY

LA BOHEME de Aznavour



    La importancia de la melodía. Hay muchas canciones que sus textos son excelente, pero sus melodías son mediocres (para mi gusto) y eso las aparta de mi atención y jamás podrán ser mis favoritas ni un solo día en mi vida, no puedo enamorarme de ellas.







lunes, 15 de febrero de 2021

MES DE FEBRERO 2021


¡CIELOS!





... gran gozo en esta época meterse por lo caminos del Matarraña, dar la bienvenida a la inminente primavera y saludar a la flor del cada vez más abundante almendro en la zona, disfrutar de lo blanco y lo rosado de su florescencia y deleitarse con su perfume sin igual en este momento invernal.



ENTRADAS DEL BLOG.   de Ángel Fernández Balasch


martes, 1 de diciembre de 2020

DICIEMBRE 2020

 ¡CIELOS!

OLIVES I OLIVERES a LA VALL


               El olivo ha sido, es, testigo silencioso de la milenaria cultura mediterránea y sus historias.



miércoles, 4 de noviembre de 2020

NOVIEMBRE 2020


HISTORIAS DEL BALASCH

SON Y SOMOS, PERO ELLOS MÁS


    Espero que esta sea mi última crítica. Cuando abrí este blog, lo hice con la intención de plasmar mis fantasías, la idea era escribir sobre historias inventadas, en todo caso, novelar alguna experiencia vivida, nunca se me pasó por la cabeza convertir este espacio en un lugar de denuncia.



¡CIELOS!

 ALMENDROS CHUPACHUPS (Alcañiz)


Esta poda es curiosa, veo dos conceptos en ella contradictorios



martes, 6 de octubre de 2020

OCTUBRE 2020

¡CIELO!

RÍO EBRO (Benifallet)


El Ebro da su agua para convertir este lugar en un vergel, huerta infinita y frutales, de estos destacan los naranjos y de forma silvestre higueras y algarrobos. 


 HISTORIAS DEL BALASCH

NO ES QUE CREAN QUE SOMOS TONTOS, LO SABEN